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Hay algo en el agua…

Mi no-experiencia con relojes inteligentes

¿Me compraré un reloj inteligente?

¿Me compraré un reloj inteligente?

Gasto mucho dinero en tecnología, desde consolas, videojuegos, sistemas de altavoces inalámbricos, tabletas, portátiles, decodificadores de televisión avanzados, teléfonos móviles, software, etc. En fin, soy un consumidor casi compulsivo. Me consuelo con pensar que, en la mayoría de los casos, exprimo los productos y servicios para disfrute personal y, aquí viene la cataplasma, llevo mis conclusiones al trabajo. Cuando un nuevo juguete cae en mis manos el defecto profesional me lleva a preguntarme ¿encajaría un servicio/producto como este en nuestra empresa? ¿Cuál es el modelo de negocio? ¿Cómo es el proceso de alta y configuración? ¿El usuario final lo tiene fácil para echarlo a andar o los menús están hechos para un ingeniero informático? Si el usuario tiene un problema, ¿qué medios tiene a su disposición para obtener ayuda? Si tuviese que explicar a alguien en qué consiste este nuevo producto o servicio, ¿qué ejemplo le pondría? Es decir, ¿cuál sería el ejemplo tipo de caso de uso?

Pues bien, no he encontrado ningún caso de uso que se adapte a mis necesidades como usuario para comprarme un reloj inteligente. Veamos porqué.

Los relojes inteligentes no dejan de ser miniordenadores que llevamos en nuestra muñeca. Casi todos los fabricantes han optado por comunicarlos y hacerlos depender de un teléfono móvil con el que estarán sincronizados. Podrán ejecutar aplicaciones de forma independiente o coordinada con el teléfono móvil. Estamos entonces redundando la cacharrería que llevamos encima. ¿Qué es lo que nos permite hacer un teléfono inteligente que no podemos hacer desde un teléfono móvil?

Aquí nos encontramos sobre todo con temas relacionados con la salud: a través de un pulsómetro los relojes inteligentes nos darán información sobre nuestro ritmo cardíaco. Es habitual que lleven también toda la circuitería referente acelerómetro, giroscopio, brújula, barómetro, altímetro, geomagnetómetro, geolocalizador (GPS), etc, pero todo esto ya lo tendremos en nuestro móvil. Ojo, que encontraremos pulsómetros a muy bajo coste en tiendas de deporte especializadas… Podríamos pensar que es útil para los caminantes y corredores que usan aplicaciones tipo Runtastic, pero tendremos que cargar con dos dispositivos para tener una buena experiencia.

Otro aspecto por el que destacan los relojes inteligentes es por las notificaciones. Algunos modelos incorporan su propia SIM y les permite acceder a Internet directamente y recibir las notificaciones sin depender de que el móvil esté cerca, pero la mayoría están sincronizados vía Bluetooth  y lo necesitan al lado. Esta funcionalidad nos ayuda a no perdernos ninguna notificación que llegue a nuestras apps de correo, Whatsapp, etc. En mi caso, en el que tengo silenciado el Whatsapp, realmente no tengo ningún interés en recibirlas en mi reloj ya que las estoy restringiendo en el móvil.

Podríamos plantearnos escenarios en los que nos interesase responder a correos electrónicos, enviar y recibir llamadas, escribir y ver mensajes de Whatsapp. Pero, ¿son estas funcionalidades las que van a ser el detonante en la decisión de compra de un reloj inteligente cuando las tengo ya en el móvil y en lo referente a la salud no estoy interesado (aún)?

Por último indicar que, si el precio fuese asequible, en torno a los 60€, ya estaría hablando en primera persona de las bondades y deficiencias de estos dispositivos. Pero esto no es así, y el precio del modelo más económico del reloj inteligente más vendido ronda los 400€.

¿Tenéis un reloj inteligente? ¿Estáis contentos? ¿Le sacáis partido? ¿Cuál es para vosotros la killer app por el que os habéis decidido a comprarlo?


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2 Comentarios

  1. Pedro Gonzalo Diciembre 9

    Comparto contigo tu reflexión Gus. Yo también ando buscando excusas para comprar un reloj inteligente pero por más que pienso no encuentro una utilidad real que haga que me decida. La relación precio-funcionalidad, como bien apuntas, no justifica el gasto y hoy por hoy todo o casi todo lo que puedes hacer con un reloj lo hacen ya los móviles o incluso las pulseras de actividad, mucho más asequibles.

    Apuntaría además un dato adicional: la autonomía. No estoy dispuesto a tener otro aparatito más que tenga que cargar cada día o, como mucho, cada dos días. No pido que duren años pero que menos que una semana por lo menos, no te parece?

    Excelente reflexión. Veremos si algún día tu y yo tenemos un reloj de estos.

  2. aorviz Febrero 18 — Autor de artículo

    Gracias por la aportación Pedro. Creo que el asunto de la autonomía de las baterías se va a ir resolviendo poco a poco. Lo veo como algo secundario a mejorar porque ya estamos familiarizados con la recarga diaria de nuestro teléfono.
    Saludos.

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