Probando la fuente Ibarra Real en la web

Santoña

Durante la visita al CENTRO e-LEA Miguel Delibes en Urueña, me llamó la atención un proyecto que desconocía y que no ha tenido mucha divulgación y recorrido: la creación de una fuente tipográfica que se base en las raíces tipográficas tradicionales nacionales. Esta es la introducción que nos hacen en la web Unos Tipos Duros:

El proyecto Ibarra Real nace el año 2005 cuando se cumplía el cuarto centenario del Quijote.

Aprovechando este acontecimiento, el Ministerio de Industria español apoya el proyecto de la Calcografía Nacional que, dirigido por José María Ribagorda, tiene por objeto la puesta en valor de nuestro patrimonio tipográfico.

El objetivo fundamental es recuperar el patrimonio tipográfico de la Imprenta Real Española para su difusión a través de los actuales medios digitales, de forma que sea corriente su uso en edición electrónica, incorporando así un objeto de tanto valor simbólico, como la letra y el nombre de Ibarra,  al cotidiano espacio universal del escritorio del ordenador.

Para comenzar, el proyecto se propuso la recuperación de la tipografía más importante realizada en España en el siglo xviii y de la cual se fundieron las matrices que dieron lugar a la más bella edición del Quijote:

la realizada por Gerónimo Gil para la Real Academia Española en 1780 impresa por el más ilustre de nuestros impresores, Joaquín Ibarra.

Personalmente me ha encantado la estética de la fuente creada. Las tipografías seriff siempre impregnan al texto un toque elegante. Ya sabemos que las «formas» son importantes en muchos aspectos de la vida. Cuando un contenido se presenta de una manera visualmente agradable, mi subconsciente hace valorarlo aún mas.

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Monitorizando nuestros equipos

No hay marcha atrás

Cuando hablamos de monitorización, lo primero que se nos puede venir a la cabeza es una película en la que aparece un muro de pantallas de televisión con imágenes estáticas de desolados pasillos y oficinas solitarias. Un vigilante de seguridad, muchas veces orondo, las observa por el rabillo del ojo pero está más atento a una pequeña tele en blanco y negro que se ha traído de casa. Mientras, consigue masticar un donuts y reirse de la última ocurrencia del presentador del programa caza-talentos-mega-exitoso de turno.

El director ya nos ha puesto en situación, y nos prepara para la acción.  Alguna cámara delatora, a través de un encuadre de cámara o desenfoque oportuno, nos pone en alerta al ver a unos individuos, siempre con pinta sospechosa, desde un plano en el que podemos ver al vigilente, ahora ya sí, riéndose a mandíbula batiente, con una risa abierta, genuina e inocente, que se ve reafirmada por los trozos de donuts que salen disparados en todas direcciones, como si fuesen las gotas de agua que un aspersor siembra en una noche calurosa de un pueblo de León sobre la hierba de unas piscinas municipales.

El vigilante de seguridad sigue sin percatarse de lo que se le viene encima. En el guión no sale bien parado. Él disimula, y sigue a lo suyo, totalmente ajeno a la avalancha de violencia que se aproxima, haciéndonos creer que no sabe nada de su próximo deceso. Peor para él.

Sin prisa, pero con paso decidido, vemos como -seguramente los malos- caminan hasta que desactivan las cámaras o dan el cambiazo de alguna manera, casi siempre ingeniosa: consiguen hacer un bucle de la imagen del pasillo vacío, bien manipulando la propia cámara o accediendo al servidor central donde todo se controla, siempre de forma ultratecnológica, con dedos más rápidos que la luz, deslizándose por algún teclado de un miniportátil que algún malote ha sacado de la mochila. Estos dos procedimientos son los estándar en este tipo de pelis. Esto es así desde siempre y está perfectamente documentado y definido en algún RFC.

En otras muchas ocasiones, el vigilante se sobresalta y acaba por derramar el café, siempre manchando el pantalón y quemándose un poquito. Pone cara de fastidio porque no ha podido terminar su donuts, se frota el pantalón y se acuerda de la madre de los que están llegando sin avisar. ¿Para qué están los procedimientos, auditorías certificación de nivel alto ENS, ISOloquesea y demás con lo que su jefe le da tanto la matraca? Intenta comunicar la incidencia, pero justo en ese instante cae fulminado por cualquier tipo de elemento mortífero: bala, cuchillo, gas veneso, dinosaurio…

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¿Tienen que saber tus clientes que se ha caído la red?

Pared

No sé si os pasa lo mismo que a mí, pero desde que se ha popularizado el uso de las redes sociales, percibo cada vez más que cualquier problema que surja y que nos afecte de una manera más o menos directa,  lo magnificamos y lo llevamos al extremo. Pero esa percepción de «máximos» seguramente tenga mucho que ver con la falta de contexto con la que publicamos nuestras actualizaciones.

Un problema en una tienda, en un restaurante, con un vecino, algo que normalmente comentaríamos con nuestra familia o amigos, en casa o en un bar, ahora lo llevamos a Internet y pasa de tener un radio de acción de unas pocas personas a potencialmente ser visible por todo el planeta.

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Probando Let’s Encrypt sobre Lightsail de Amazon

Viejoven en Laredo, Cantabria

Viejoven en Laredo, Cantabria
Viejoven en Laredo, Cantabria

Para un usuario de Internet normal y corriente, tener su propio servidor en el que poder instalar todo lo que a uno le plazca, es algo que ni le va ni le viene. Pero para cualquier persona que intente profundizar en «las tripas» de la red de redes, llegará un momento en que tenga que plantearse hacer algún tipo de comunicación entre dos máquinas que controle y que pueda personalizar a su gusto.

Hasta el momento, tener un servidor en Internet encendido, disponible y conectado las 24 horas del día, estaba reservado a las empresas. Mantener un equipo así requería un centro de procesado de datos, alimentación eléctrica redundante, acceso a Internet de calidad, copias de seguridad, aire acondicionado, control de accesos, técnicos especializados de mantenimiento en manos remotas… Un considerable esfuerzo económico que estaba justificado para aquellos casos en los que el negocio dependía de alguna manera de tener en línea permanentemente algún servicio en Internet.

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Otros tipos de Spam (II)

Senda en la Güeria Carrocera

En el post anterior os comentaba el calvario que supone para muchas personas el spam telefónico. En esta entrada os quiero contar algo sobre un método para enviar publicidad no deseada que me ha parecido muy sutil. Seguramente para muchos de vosotros quedará fuera de vuestro ámbito de uso de las nuevas tecnologías, pero a mí me ha resultado muy gracioso y sorprendente.

Se trata del spam en Google Analytics.

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Gestión automatizada de las redes sociales

Desde la ermita de la Regalina en Cadavedo, Asturias.

Desde la ermita de la Regalina en Cadavedo, Asturias.
Desde la ermita de la Regalina en Cadavedo, Asturias.

No sé si vosotros estaréis tan sorprendidos como yo por la forma en que tenemos las personas de considerar a alguien famoso. Con famoso no me estoy refiriendo a personas con prestigio como un buen actor, escritor, deportista, sino a lo que hoy denominamos famoso con mayúsculas. Vamos, que sí, que estoy pensando en Cristiano Ronaldo o Messi. ¿Quién no los conoce? ¿Acaso te puedes mover por alguna parte del planeta y no tenerlos a ellos como excusa para entablar una conversación?

El concepto famoso es muy maleable. En él caben desde Einstein a Belén Esteban. Podemos medir su grado de fama por su aportación a la cultura universal, por los minutos que aparecen en televisión, por los goles que meten y… por el número de seguidores  que tengan en Twitter o en su canal de Youtube.

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Lo dejo caer

No lo dejo caer

No lo dejo caer
No lo dejo caer

Oye, yo lo dejo caer, por si hay alguien tiene los conocimientos suficientes y se anima a lanzar una «startup». Ya que la moda de los tatuajes sigue vigente, en unos años, cuando todo esto pase, se disparará la demanda para eliminarlos vía láser. Todo un gasto que tendremos que asumir desde el mismo momento en que nos hagamos un tatuaje. Por no hablar de lo doloroso que puede llegar a ser hacerse uno según en qué zonas de nuestro cuerpo hayamos elegido para lucirlo. ¿Para qué llegar a esa situación si podemos tener nuestro propio tatuaje de quita y pon? ¿Qué necesidad hay de pasar por las agujas para llevar con nosotros el nombre de nuestro hijo, nuestro futbolista favorito o ese símbolo tribal que no sabemos qué significa?

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